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sábado, 16 de diciembre de 2006

Luchando por su hija

Mª José Carrascosa


Corte Internacional de la Haya

María José Carrascosa es una abogada valenciana que actualmente cumple condena en una cárcel de Nueva Jersey. La historia que la ha conducido hasta allí es enrevesada y truculenta. Empieza con un matrimonio con estadounidense, continúa con el nacimiento de una niña, prosigue con el divorcio de los padres y el fallo de la Audiencia Provincial de Valencia a favor de la madre, en cuanto a tenencia de custodia de la pequeña, a quien retienen el pasaporte para que no pueda viajar fuera de España.

Todo el proceso de separación, divorcio y custodia se hace mediante un convenio regulador de mutuo acuerdo por las partes, es decir, que tanto Maria José como su ex marido estuvieron de acuerdo en lo pactado.

Sin embargo la pesadilla comienza, cuando paralelamente al proceso valenciano, el norteamericano solicita la custodia de su hija en un tribunal de Nueva York, que se pronunciará a favor del padre, sentenciando que la custodia es de él, y exigiendo a la madre, que se ha presentado de buena voluntad a la vista, que la niña pise suelo de EEUU en diez días, porque si no cumple, la enviará a la cárcel. Por más que la letrada valenciana arguye que la niña tiene retenido el pasaporte por orden del tribunal valenciano, el juez Edward V. Torack, se reafirma en su sentencia y, además, retira el pasaporte a la española.

Conflictos entre Cortes vs. Derechos Fundamentales

Obviamente existe un conflicto entre leyes y tribunales, pero mientras tanto, se están vulnerando los derechos de una menor, en virtud del Convenio que España (BOE 210 01/09/1984)tiene suscrito con La Haya, que determina el modo de protección de los menores en cuanto a su tutela; así como los propios derechos de Maria José, que sin más, de la noche al día se encuentra entre los barrotes de una prisión a miles de kilómetros de su casa.

Tan en boga que están los derechos fundamentales, pero ¿se respetan a la hora de la verdad? En este caso no lo parece. ¿Dónde está el aparato diplomático, el Sr. Matutes, el embajador y toda la retahíla de personas que han de ordenar este caso?

Según La Haya podría tratarse de un incumplimiento del Derecho Internacional, de hecho, es un asunto entre tribunales y leyes dispares. Y mientras los tribunales deciden en uno u otro sentido, tanto la niña como la madre se quedan sin derechos fundamentales.

En España ya vamos asumiendo que en Norteamérica buena parte de la población no sabe situarnos en una bola del mundo, o que nos consideran un país tercermundista, o que estamos ubicados al lado de Brasil y somos la potencia de América Latina.

En cuanto al ‘amoroso’ padre que reclamó a la pequeña no se sabe mucho de él, porque al parecer tenía tres identidades diferentes ¿con cuál le habrá dado su señoría Torak la tutela de la niña? o ¿por qué todo un señor con carrera de la judicatura es capaz de no preguntarse por qué el padre X es tres en uno?

Al margen de esta cuestión, que suena a mofa, a ver si empiezan a coger aviones los políticos, abogados y jueces a los que toca defender a dos ciudadanas españolas, y a visitar despachos aunque no haya una foto que mostrar a la prensa. Y no se trata de que la veleta de Estados Unidos no se someta a La Haya– porque de todos es conocido que no acata sus decisiones en muchas ocasiones, aunque sí reciba con brazos tiernos a todo aquel que quiera aliarse en una coalición destinada a la invasión de un tercer país –. Aquí importan dos vidas humanas, implicadas en una pesadilla sin comerlo ni beberlo; por tanto, ellas son la prioridad.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Grabación y difusión del asesinato de un gato


Cistierna, una villa de León próxima a la Cordillera Cantábrica, a orillas del río Esla. El patio de un corral donde hay presentes, como mínimo, dos personas y un gato atado e inmovilizado por las patas delanteras. Un arma blanca que parece una de esas catanas que hemos visto en las películas de samurays. Un cámara que va a grabarlo todo y será el narrador de la historia, que durante el pasado verano ha circulado de móvil a móvil. La filmación registra el brutal y despiadado asesinato del felino, cortado por la mitad, por un joven de camiseta amarilla (presunto autor hasta que el juez diga lo contrario) que sonríe cuando el medio cuerpo del animal cae a suelo.

El pasado 18 de noviembre miles de telespectadores daban un respingo en el sofá, abrían la boca o se tapaban los ojos. Los presentadores advirtieron que la crueldad de las
imágenes podían herir la sensibilidad del público. Pero ése vídeo, ya retirado de la web youtube, ha traspasado conciencias, ha llegado hasta las leyes, avecinando un proceso penal para el ejecutor del animal y la persona que grabó la escena; se burlaban mientras cometían el 'gaticidio'. Y por muy cierto que sea que lo animales carecen de derechos, tal como dicen juristas y letrados, los hombres tienen el límite de la libertad donde la libertad de otra persona empieza. Herir sensibilidades es traspasar una libertad, aunque dependa del grado del hecho.

Resulta irónico que el sujeto en cuestión que dividió al animal se apode “gepetto”, porque el nombre del dulce personaje del cuento creador de vida resulta la antítesis de este supuesto asesino que además optó por exhibirse.

Dos asociaciones de protección de animales han presentado una denuncia, amparados por el artículo
337 del Código Penal, que en su capitulo IV, relativo a delitos, protección de flora y fauna y animales domésticos recoge: “Los que maltrataren con ensañamiento e injustificadamente a animales domésticos causándoles la muerte o provocándoles lesiones que produzcan un grave menoscabo físico, serán castigados con la pena de prisión de tres meses a un año e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales.”

Los comentarios de carnicerías, pescaderías, vecinas de patio se repetían como una tematización única “¿viste lo del gato?” Y es que la mejor manera de dar a conocer algún asunto, pese a la tecnología, sigue siendo el boca a boca, los gestos, el lenguaje no verbal. Los supuestos autores de la aberración distribuida por Internet y censurada en estos momentos, también estaban dotados de ese lenguaje no verbal. Desde su mente cada uno juzga, interpreta y se hace un esquema de los hechos.

Hace unas semanas vimos como un hombre se ensañaba dando una paliza a un perro, ésta nos hemos impresionado con el gato partido por la mitad. ¿Seguiremos presenciando y convirtiendo en tema de mercado este tipo de hechos o alguien va a plantearse –da igual el color político – una solución contundente? Esta pregunta seguro que se la han formulado muchos de ustedes.